domingo, 5 de junio de 2011



El psicologo en mi

Los psicólogos al estudiar las reacciones humanas ante un trauma emocional han creado sus teorías y generalizando han creado el concepto de lo que ellos llaman “duelo” y le han definido distintas etapas características.
Yo no soy psicólogo, pero he leído sobre estas cosas y quiero dar mi punto de vista y mi interpretación sobre esto y espero que quizás leer estas palabras ayude a alguien o al menos le enseñe algo nuevo.
Según los psicólogos el duelo es la reacción normal después de un evento traumático, como puede ser la muerte de un ser querido o cualquier otro cambio brusco en nuestras vidas. Esto supone un proceso más o menos largo y doloroso de adaptación a la nueva situación. La intensidad y duración del duelo depende de muchos factores y varía mucho entre una persona y otra.
Duelo resuelto. Podemos decir que hemos completado el duelo cuando somos capaces de recordar lo sucedido sin sentir dolor, cuando hemos aprendido a vivir con eso, cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en el presente.
No existe un tiempo fijo para vivir el duelo. Cada cual necesitará su tiempo. Y sólo nosotros podemos marcar el tiempo que necesita nuestro ser para poder considerarse recuperado. Todo ello a pesar, de que muchas veces nuestros familiares y amigos, nos apremian, quisieran vernos en la normalidad ¡ya!, tal vez porque así ellos tampoco sufrirán tanto... Pero sólo cada uno de nosotros sabe lo que necesita.

El duelo pasa por varias etapas:

1) Negación y aislamiento: la negación nos permite amortiguar el dolor momentáneamente ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse. Es una defensa provisional y pronto será sustituida por una aceptación parcial. En esta etapa no podemos creer lo que ha pasado y nos repetimos que no puede ser cierto y nos aislamos de los demás.

2) Ira: la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase difícil de afrontar para los padres y todos los que los rodean; esto se debe a que la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente. Suelen quejarse por todo; todo les viene mal y es criticable. Luego pueden responder con dolor y lágrimas, culpa o vergüenza. La familia y quienes los rodean no deben tomar esta ira como algo personal para no reaccionar en consecuencia con más ira.

3) Pacto o negociación: ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, mas el enojo con la gente y con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para intentar superar la traumática vivencia. Nos creamos pactos a veces imaginarios, del tipo “de aquí a un ano esto va a pasar” o “voy a hacer esto y lo otro y en tres meses ya habré olvidado todo” Esto me parece que busca darnos una seguridad, una esperanza de que si hacemos determinadas cosas, en el futuro las cosas mejoraran.

4) Depresión: En esta fase la persona se debilita, adelgaza, aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado, en general, temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar al doliente y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo: esto es, a menudo, una expresión de las propias necesidades, que son ajenas al doliente. Esto significaría que no debería pensar en su duelo y sería absurdo decirle que no esté triste. Si se le permite expresar su dolor, le será más fácil la aceptación final y estará agradecido de que se lo acepte sin decirle constantemente que no esté triste. Es una etapa en la que se necesita mucha comunicación verbal, se tiene mucho para compartir. Tal vez se transmite más acariciando la mano o simplemente permaneciendo en silencio a su lado. Son momentos en los que la excesiva intervención de los que lo rodean para animarlo, le dificultarán su proceso de duelo. Una de las cosas que causan mayor turbación en los padres es la discrepancia entre sus deseos y disposición y lo que esperan de ellos quienes los rodean.

5) Aceptación: Cuando ya hemos pasado por las etapas anteriores en las pudimos expresar nuestros sentimientos, la envidia por los que no sufren este dolor, la ira, la bronca y la depresión se contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. La aceptación tampoco es una etapa feliz, en un principio está casi desprovista de sentimientos. Comienza a sentirse una cierta paz, se puede estar bien solo o acompañado, no se tiene tanta necesidad de hablar del propio dolor... la vida se va imponiendo.
Esperanza: es la que sostiene y da fortaleza al pensar que se puede estar mejor y se puede promover el deseo de que todo este dolor tenga algún sentido; permite poder sentir que la vida aún espera algo importante y trascendente de cada uno. Buscar y encontrar una misión que cumplir es un gran estímulo que alimenta la esperanza.

Todo este proceso ocurre con mas o menos intensidad en dependencia de cuan grande haya sido el trauma y depende también mucho de la persona, también las etapas no están tan bien definidas y sentimos una mezcla de todo un poco, al final que no actuamos por un guión y somos diferentes y contradictorios.
El punto mas importante creo que es darnos cuenta cuando estamos atravesando por algo así, que es algo normal, que les pasa a todos y que no durara para siempre, que un buen día lo superáremos y aprenderemos a vivir con lo que sea que nos haya pasado.
Suerte